Placeres que se convierten en molestias

11 11 2006

Estaba pensando acerca de cosas que deberían ser placenteras y tranquilizadoras se tornan en irritantes molestias.

Por ejemplo, conversando con un compañero de trabajo este me contaba con tono contrariado que el domingo lo pasó tirado frente a la televisión haciendo zapping parando ocasionalmente en uno que otro programa, en lugar de salir por ahí como lo hubiera querido. Después de seis años en el mundo de los sistemas a medida, donde muchas veces el stress hace estragos en uno, he aprendido a valorar los momentos de tranquilidad que puedo proporcionarme, por lo que este es el primer caso de algo que debería ser placentero y es, en realidad una molestia.

traje
Cuando era chico jugaba carreras con mi hermana al lugar donde debiéramos ir, si debíamos ir a buscar huevos al gallinero(que, nunca nadie crió gallinas o patos en su casa?) corríamos hasta el fondo de la quinta donde vivíamos(algo así como 200 metros) o cuando íbamos a visitar un pariente corríamos el trecho que separaba la entrada hasta la puerta de su casa. Era divertído y sano. Me acuerdo porque cuando era invierno mi mamá me reprendía porque transpiraba mucho y , si me quedaba con la ropa húmeda el tiempo suficiente, caía en cama. Hoy en cambio, cuando me pongo el traje para ir al trabajo, mientras menos me mueva, mejor. Transpirar dentro de ese atuendo es algo que no se le deseo a nadie. De alguna forma los sastres del mundo han desarrollado una tela capaz de hacerte morir de frío en invierno y de calor en verano. Así es como, el placer de caminar o correr al sol, de hacer ejercicio ( y de transpirar!) se hace una molestia y hasta una desgracia para quien la padece.

Tren repleto
Hay cosas que llaman aún más la atención, y es cuando placer que da la tranquilidad de que nuestros ancianos, mujeres y niños estén protegidos, seguros se convierte en molestia. Viajando al trabajo, ya sea en tren o en colectivo, un espectáculo muy común es ver que, estando todos los asientos ocupados, al subir un anciano o una mujer embarazada, todos se hacen los distraidos o fingen estar dormidos esperando que alguien más ceda el asiento. Incluso llega a darse el caso en que nadie se levanta y el chofer u otro pasajero debe pedir a gritos que alguien seda el asiento(cuando es el chofer quien solicita esto, generalmente amenaza con detener el colectivo hasta que alguien ceda su asiento). Es solo entonces cuando alguien libera un asiendo a regañadientes.

Y asi la lista sigue. Pareciera que, de algún modo anormal, las cosas que deberían resultarnos gratificantes se convierten en molestias que deseamos evitar a toda costa. Lo peor es que pareciera que nosotros nos buscamos esta forma de vida. Dejamos nuestras casas con árboles frutales y jardines verdes, en barrios con negocios cuyos dueños cierran al medio día para comer con sus familias, para irnos a la ciudad del “open 24hs”, de los 100 habitantes por cuadra, de los palomares de concreto y del tortuoso transporte público.

No puedo dejar de pensar que, en algún momento, en algún lugar de la evolución, algo salió terriblemente mal.

En algú momento, en algún lugar, algo salió mal


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